Celebrando la fidelidad de Dios

Hace cuatro años llegamos a Papua Nueva Guinea, nada sabíamos acerca de lo que nos esperaba.

Comenzamos a empacar una minuciosa selección de cosas básicas y útiles en unas pocas maletas para nuestra mudanza, y después de muchas tristes despedidas estábamos listos para subir al primer avión de cuatro que tomaríamos para llegar a nuestro nuevo “hogar”. Después de dos días de viaje aterrizamos en el hermoso paraíso tropical de Papúa Nueva Guinea, emocionados y expectantes de la aventura de fe que comenzábamos sirviendo al Señor como misioneros transculturales en lo que nos parecía ‘lo último de la tierra’ (y sí que lo es). Sin embargo, nunca imaginamos todas las cosas que Dios nos tenía preparadas. Comenzando por la sorpresa que nos llevamos cuando nos enteramos que estábamos esperando otro bebé a las pocas semanas de haber llegado, tal situación sumada a otros factores terminó llevándonos de vuelta a México pocos meses después, en parte debido a la carencia de infraestructura médica en el país. Nada de eso estaba en nuestros planes.

Después de un poco más de un año (más un bebé), llegamos a un nivel adecuado de aprendizaje del idioma nacional (Tok Pisin) y la cultura, de manera que ya podíamos comunicarnos bien con las personas y formar relaciones. A partir de entonces, comenzamos la búsqueda de compañeros de equipo, esto es familias misioneras, que estuvieran dispuestos a trabajar con nosotros dentro de un grupo indígena no alcanzado. Por los siguientes dos años, estuvimos orando y buscando compañeros, durante ese tiempo algunos de ustedes recordarán que Dios le permitió a Isaac servir en un ministerio de mucha importancia aquí en el campo, una pequeña imprenta que se encarga de producir materiales de enseñanza bíblica y de alfabetización en los diferentes idiomas de los grupos indígenas que actualmente cuentan con misioneros en el país. Aunque agradecidos con Dios por poder ser útiles en el campo, esta espera tampoco estaba en nuestros planes. Finalmente llegó el tiempo en que tuvimos que volver a México para renovar pasaportes, y no, Dios no nos dio un equipo.

Hay una enorme cantidad de anécdotas que pudiéramos compartirles sobre lo que a nuestros ojos parecían solo retrasos, complicaciones, dificultades, sufrimientos, sentimientos de insuficiencia y debilidad, y una laaaarga espera. Tuvimos lágrimas, cuestionamientos y temores, pero en medio de todo eso nuestro amado Dios nos pastoreaba por medio de su Palabra. Aunque Dios nos estaba “negando” nuestra petición de proveer compañeros de equipo, lo que nos estaba dando era infinitamente superior. Al paso de los días y por medio de nuestras luchas y constante búsqueda de Él, Dios nos daba un poco más del hermoso regalo de la humildad. 

Ahora, tal vez puedan pensar que la humildad no es un gran regalo, después de todo ahora en nuestros días no es una cualidad muy valorada, ni muy atractiva. Uno pudiera pensar que hay muchas otras cosas mucho más atractivas o útiles, como por ejemplo “Señor, dame elocuencia al hablar” o “hazme un gran líder”, o “prospera mi ministerio”. Esas también son cosas buenas, pero déjenme explicarles por qué digo que la humildad es muchísimo mejor.

Uno de los primeros pasajes que Dios usó para hablarme fuerte fue Isaías 66:1-2, que dice:

Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?
Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

No hay nadie por encima de Dios, pero Él es sobre todos, Él hizo todo y todo le pertenece (también nosotros). Él que no necesita nada PERO… sus ojos mirarán al que es humilde de espíritu, aquel que le reconoce como Dios y tiembla ante su Palabra. El Todopoderoso pondrá su mirada en el humilde. Lo voy a explicar con manzanas. Imagínate a tu actor, cantante o personaje de la historia favorito, eres su fan y lo admiras, tú estas entre una gran multitud y no hay ninguna posibilidad de que puedas acercártele, pero lo imposible sucede, te mira, dentro de toda la multitud de personas que hay a tu alrededor voltea a verte a ti y te contempla, no pasaste desapercibido. Ahora, imagina eso multiplicado por una infinidad, el Creador del universo se digna a mirar a los humildes, y eso implica su favor.

Un versículo similar está en Isaías 57:15,

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.

Ahora, imagina la escena de Isaías 6, donde se describe al Señor excelso y sublime sentado en su trono, con serafines diciendo “santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria” Ese es su hogar, ahí habita, pero también con el quebrantado y humilde de espíritu. El Dios 3 veces santo habita con el humilde, para reanimar su espíritu y alentar su corazón. 

Humildad tiene que ver con reconocer quién es Dios, y por ende reconocer quienes somos nosotros ante Él. Tiene que ver con ponerse en segundo puesto. Cuando llegamos a Papúa, nosotros teníamos planes, buenos planes. Pero Dios tenía mejores.

Isaías 55:8-9 dice:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Eso significa que Él sabe lo que está haciendo, y sus planes son mejores. Puede que no entendamos todo claramente en nuestra vida, pero podemos ver la historia de José (Génesis 37, 39-45), particularmente cuando dice “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.” (Gén. 50:20), y entonces hacer uso de la fe.

Hay una última historia que quisiera compartirles, pidiéndoles disculpas por hacer una carta tan larga, pero orando para que les sea de bendición y ánimo. Ésta se encuentra en el libro de Daniel, capítulo 3. El rey Nabucodonosor mandó a hacer una enorme estatua de oro, en cuya dedicación se dio la orden de que toda la gente se postrara ante ella y la adorara o de lo contrario serían arrojados a un horno en llamas. Entre esa multitud se encontraban Sadrac, Mesac y Abednego, tres judíos que se negaron a obedecer el decreto del rey. La noticia llegó al rey y lleno de ira los mandó llamar, amenazándolos que de no hacer lo que se les pedía, serían arrojados al horno en llamas y ningún dios podría salvarlos. (Aquí viene mi parte favorita) La respuesta de estos tres hombres ante tal amenaza fue la siguiente, (Daniel 3:16-18 NVI):

—¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero, aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua.

Estos tres hombres sabían que su Dios tenía el poder de salvarlos de las llamas, esto es asombroso, pero lo más asombroso en la historia es que su obediencia a Dios no estaba condicionada a que Él los salvara, si no que remarcaron la soberanía de Dios y su infinita sabiduría al decidir obedecerle AUN si Él decidía no salvarlos. En su humillación glorificaron a su Dios.

El final de la historia ya lo conocen, Dios los salvó del horno en llamas y Nabucodonosor declaró que no había otro Dios que pudiera salvar de esa manera. Pero aun si nuestro Dios no lo hubiera hecho así, Él sería el mismo, Dios soberano, omnipotente, omnisciente, excelso, sublime, eterno, santo, y digno de nuestra obediencia y humillación. El segundo puesto es nuestro, el primero le pertenece a Él.

El salmo 119:71 dice:

Bueno me es haber sido humillado, 
para que aprenda tus estatutos.

No ha sido fácil, o divertido o placentero, pero ha sido bueno.

Ahora que cumplimos 4 años de haber llegado a Papúa Nueva Guinea encontramos muchos motivos para celebrar, no que nuestros planes se cumplieron sino que los planes mas altos y mejores del Señor se están cumpliendo en nosotros, y que conforme aprendemos a caminar con Él nuestro deseo de glorificarle crece y anhelamos más que Él use nuestras vidas para dar testimonio a otros. Como dice Pablo en Filipenses 3:12,

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

Queremos también testificar de la fidelidad de Dios al proveernos cada día el sustento económico necesario para vivir en este país. Hermanos, de lo profundo de nuestro corazón les decimos ¡Gracias! por ofrendar al Señor para nuestro ministerio, por sus oraciones constantes y muestras de cariño a nuestra familia. El Señor que lo ve todo les recompensará con creces. Hebreos 6:10,

Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

Gracias por haber leído hasta aquí. Por último queremos informarles que actualmente Isaac continúa a cargo de planear y realizar viajes de investigación a posibles lugares que necesiten misioneros. Esto con la finalidad de evaluar las condiciones de grupos indígenas que están solicitando misioneros, y poder determinar el nivel de prioridad de acuerdo al acceso (o falta de) que tengan al Evangelio. Esperamos próximamente poder compartirles un video acerca de esto. Claudia se encarga mayormente de la casa, los niños y la escuela en casa de Jacob, y agradece a Dios que pudo retomar su clase de alfabetización y discipulado con su amiga Jenny. Continuamos orando que Dios nos dirija en nuestro ministerio, pidiéndole que si es su voluntad nos provea de un equipo para anunciar a una etnia su Evangelio.

Les amamos en Cristo.

Siendo testigos de un Dios vivo,

Isaac, Claudia, Jacob y Emma
Hernández

¿POR QUÉ NECESITAMOS COMPAÑEROS DE EQUIPO?

Al irnos a vivir entre un grupo indígena, la finalidad es plantar una iglesia madura entre ellos. Esto quiere decir, una iglesia auto sustentable, con lideres de la misma comunidad capaces de alimentarse de la Palabra y discipular a otros, con un deseo de obedecer la gran comisión pensando y trabajando en alcanzar a otros. Esta obra requiere de, con la ayuda de Dios, muchos años de dedicación y esfuerzo. Aprender el idioma del grupo indígena y entender su cultura y cosmovisión es el primer paso, después sigue la traducción de lecciones bíblicas en su idioma junto con las porciones de la Biblia correspondientes, simultáneamente se desarrolla un material de alfabetización (y muchas veces en estos lugares primero se requiere crear un alfabeto porque no cuentan con un idioma escrito) con el objetivo de que en un futuro cercano cuenten con la Biblia y sean capaces de leerla. Cuando el material de alfabetización está listo, las clases en la aldea comienzan mientras se continua con la preparación, traducción y revisión de las lecciones y porciones bíblicas.

Luego que éstas están listas (la parte para presentar el evangelio de manera cronológica comenzando desde Génesis), comienza la

enseñanza en la aldea. Para este punto el objetivo del misionero es tener un buen dominio del idioma y cultura y muchas relaciones con la comunidad construidas a través de los años de trabajo previo.  Mientras la enseñanza continúa, se siguen desarrollando más lecciones bíblicas para discipular una vez que, por la gracia de Dios, ha nacido la iglesia. Finalmente el misionero seguirá por los próximos años discipulando a los creyentes para que puedan funcionar de manera autóctona, se continuará con la traducción bíblica hasta completar el Nuevo Testamento en el idioma indígena y se desarrollarán diversos materiales de lectura para que los que han sido alfabetizados continúen ejercitando su nueva habilidad de lectura. Hasta ver una iglesia sana, funcionando sin la intervención del misionero, con la Palabra de Dios en su idioma y trabajando para reproducirse, el misionero habrá completado su tarea.

¿Cuántas manos crees que se requieren para hacer todo eso?
Seguro que más de las que tenemos disponibles, pero la recomendación del liderazgo de la misión con la que trabajamos es de 3 unidades (familias) por equipo.

Peticiones de oración:

  • Que Dios nos ayude para que vivamos una vida digna de su llamado, como esposos, padres, creyentes y misioneros.
  • Que Dios nos dé el poder para llevar a cabo la obra, y así honrarle.
  • Que Dios dirija nuestro ministerio, que provea de otras familias misioneras para trabajar en conjunto alcanzando a una etnia con el evangelio.
  • Que nuestros hijos, Jacob y Emma, conozcan más a Dios.
  • Por nuestras necesidades físicas, que el Señor provea para ellas como lo ha prometido, y que podamos ver y agradecer su cuidado y provisión.
  • Por la salud de Isaac, ha estado batallando con su espalda ya por un largo tiempo.
  • Que el Señor provea los fondos necesarios para la construcción de una casa en la comunidad indígena donde esperamos servir.

“Así que seguimos orando por ustedes, pidiéndole a nuestro Dios que los ayude para que vivan una vida digna de su llamado. Que él les dé el poder para llevar a cabo todas las cosas buenas que la fe los mueve a hacer. Entonces el nombre de nuestro Señor Jesús será honrado por la vida que llevan ustedes…

2 de Tesalonicenses 1:11-12 

¡Gracias!

Mira este video sobre una de las tribus de Papúa Nueva Guinea que Isaac tuvo la oportunidad de visitar. Ellos son uno de tantos grupos que pidiendo misioneros.
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